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Consumir productos de cercanía es hacer consumo responsable

La tienda de Comercio Justo ColyFlor propicia con su iniciativa de comercialización una propuesta política y social que tiene como base el consumo de cercanía, integrando en su propuesta de comercialización la venta de productos agroecológicos de organizaciones campesinas y de personas naturales de los corregimientos de Medellín y de los municipios cercanos a la ciudad.

Con este texto se busca aportar elementos para la creación de nuevos sentidos sobre el consumo responsable y la importancia del consumo de cercanía o kilómetro cero para la construcción de formas distintas de consumir que fortalecen la economía local, defienden los territorios y empoderan a las campesinas y a los campesinos.

Existen varias denominaciones para el consumo de productos que están a distancias relativamente cortas de consumidores y consumidoras, se le denomina: consumo local, productos de proximidad, productos kilómetro cero, productos de cercanía, circuito corto de comercialización.

A la alimentación con productos que proceden de un radio inferior a los 100 kilómetros entre la cosecha y el consumidor se le considera productos de cercanía o kilómetro cero. Estos pueden ser productos de origen vegetal, animal, transformado y artesanal que se han elaborado con materias primas que están en este mismo rango de distancia. Los 100 kilómetros son un referente, se trata de concentrar el consumo en aquellos de mayor cercanía o proximidad en su elaboración o producción.

El consumo de cercanía fortalece la economía local Si privilegiamos el consumo de los productos locales y defendemos la agricultura de cercanía aportamos a la permanencia de la economía campesina y contribuimos al empoderamiento de los campesinos y las campesinas de la región, y de todas aquellas personas que generan sus ingresos transformado materias primas y productos que hay en sus entornos, porque en manos de los consumidores y las consumidoras está la potenciación de la economía local. Con nuestro consumo consciente y responsable contribuimos a que las familias campesinas prosperen, haya trabajo para hombre y mujeres que con su labor contribuyen al desarrollo económico y social de lo local, teniendo como principio que se pague un precio justo para productores y sea un precio justo para consumidores.

En este sentido se puede decir que los precios suelen ser una de las razones por las cuales las personas prefieren productos importados. Bien sabemos que los precios de productos importados que compiten con los de nuestro entorno son fruto del modelo neoliberal que tiene como base el monocultivo en grandes extensiones, donde se produce con mano de obra precarizada, además con auxilios estatales y que es una producción que tiene como destino la exportación y no para que su gente coma. Por esto debemos saber que cada peso que gastamos en productos importados de otros países robustece la economía de los más ricos del mundo, cuando compramos productos locales robustecemos nuestra propia economía y recordemos que en tiempo de cosecha todo es abundante, barato y en su punto de maduración.

Cuando hablamos de la preferencia por el consumo de los alimentos de proximidad o kilómetro cero hay varios asuntos importantes para destacar:

– Estamos favoreciendo las economías locales sobre todo la economía campesina donde se cultiva variedad en pequeñas parcelas y de la que depende la vida de familias que persisten en seguir

produciendo alimentos.

– Arraigamos en nuestra mentalidad la conciencia de indagar cuál es el origen de los productos, así progresivamente se va creando una cultura que prefiere los productos de origen local, de este modo ayudamos a que no desaparezcan productos autóctonos y sobre todo a mantener la diversidad alimentaria que nos garantice la autonomía y la soberanía alimentaria.

En esta misma perspectiva social del consumo local, está vinculada la preferencia por el consumo de productos y alimentos agroecológicos, que es una producción que cuida y conserva el agua y el suelo, además de la salud de productores y consumidores. Porque no se trata de buscar la etiqueta de lo ecológico en productos que viajan miles de kilómetros, y son producidos por empresas transnacionales que han encontrado un nuevo nicho de mercado en los productos denominados ECO y BIO.

El sentido político y socio cultural que le damos a la producción y consumo de los alimentos locales nos cuestiona el consumo de productos y alimentos que las grandes cadenas y en general las multinacionales aprovechan para ganar cada vez más consumidores y acumular mayores ganancias.

El transporte de alimentos y productos impacta el ambiente pero es menor cuando se consume del propio entorno cuando se consumen los productos que están en un radio no mayor de 100 kilómetros se hace un ahorro notable de la energía que se debe usar para su transporte, en cambio los productos y alimentos importados de grandes distancias exigen aviones, barcos, trenes, camiones con congeladores hasta llegar al sitio final de consumo, con lo cual hay un alto consumo de combustibles fósiles que son uno de los mayores contribuyentes para que en la actualidad se presente el cambio climático que amenaza a diario la vida en el planeta.

Además los productos que viajan grandes distancias precisan de envases y empaques que generalmente no son biodegradables, muchos de ellos también provienen de combustibles fósiles, mientras que los productos de cercanía generalmente viajan en empaques reutilizables como canastas y costales y en general van empacados con poco embalaje.

Consumir alimentos de cercanía o de kilómetro cero reduce el desperdicio de comida

La ONU calcula que una tercera parte de los alimentos producidos para consumo humano -aproximadamente 1.300 millones de toneladas anuales- se pierde o se desperdician a nivel mundial. Esto es el 30% de los alimentos que se producen en todo el mundo y que terminan en la basura porque son “feos” y no cumplen con los cánones de belleza que el mercado les impuso sin más y que lo generalizó como parte de lo deseable, apetitoso e incluso saludable.

Gran parte de los alimentos que se botan conservan todas sus propiedades nutricionales, y se arrojan a la basura porque están clasificados como comida “fea”. Con este marketing y por pura estética lo que se hace es aumentar la inequidad con las personas más vulnerables del planeta, mientras millones pasan hambre se tiran a la basura alimentos aptos para el consumo.

Pero si compramos con estos parámetros estéticos es bueno saber que los productos de supermercado que provienen de huertas lejanas contienen conservantes, la piel es brillante debido a que son encerados y lustrados para que tengan apariencia apetitosa, son grandes, de color y tamaño homogéneo porque han sido cultivados con agrotóxicos y van exhibidos en empaques costosos y llamativos que generalmente no son biodegradables y, han sido recolectados mucho antes de su natural maduración para que puedan viajar largos trayectos.

En los mercados locales los alimentos con dedos, narices abultadas y torcidas, con jorobas y los que son pequeños pero que están en buen estado son comprados sin el reparo de que todos tienen que ser homogéneos. Para quienes prefieren los productos locales lo más importante es que tenga los sabores y olores que ya están guardados en su memoria. Igualmente en la compra local se pueden encontrar productos que son autóctonos y que en los supermercados no se venden porque la producción es bajita y las familias campesinas no pueden cumplir con los volúmenes exigidos. Además los alimentos de cercanía siempre son frescos y conservan sus cualidades organolépticas (color, sabor, olor) porque no son recogidos antes de la maduración para ser transportados entre distintos países o continentes. También el consumo de productos de temporada implica menor precio.

Como conclusión, los consumidores y consumidoras aportamos al cambio haciendo del consumo local o de cercanía nuestro criterio fundamental de consumo, contribuyendo así a:

• Proteger especies agroalimentarias y favoreces el cultivo de variedades locales que pueden estar en peligro de extinción debido a la homogenización de la alimentación.

• Dignificar la vida campesina: reconociendo el gran valor social y cultural que tienen las mujeres y los hombres que producen los alimentos vitales para nuestra supervivencia. No permitir que se fomente la idea que la agricultura familiar es un obstáculo para el desarrollo, porque esto es un
invento de los dueños del agro-negocio y terratenientes que buscan apropiarse de la tierra a nombre de la productividad.

• Mejorar la calidad de vida de productores y productoras eliminando la cadena de intermediación, reconociendo precios justos a quienes desarrollan el trabajo.

El cambio en los parámetros de consumo es posible haciendo uso de nuestro poder de consumidores y consumidoras responsables. Esta postura política es una herramienta muy poderosa porque cuando nos volvemos consumidores responsables podemos hacer grandes cambios sociales, económicos, políticos y ambientales, convirtiendo a la producción agroecológica y local en un bien común.

Cibergrafía

Quintero Ramírez, César Augusto. 2014 Comercio justo y consumo responsable. Cuadernillo agroecológico Nº8. Recuperado de http://www.tiendacolyflor.com/images/comercio_justo.pdf

FAO. 2012. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo – Alcance, causas y prevención. Roma. Recuperado de http://www.fao.org/docrep/016/i2697s/i2697s.pdf

Saavedra Carlos, 2015. Nos hemos creído el espejismo de una alimentación sana, variada y en libertad. Entrevista a Esther Vivas. Recuperado de http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Nos-hemos-creido-el-espejismo-de

Crespo, Blanca. 2016. La producción local como antídoto. Recuperado de http://www.elsalmoncontracorriente.es/?La-produccion-local-como-antidoto

Elaborado por LETICIA PÉREZ C.

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